viernes, 15 de enero de 2016

Mis películas favoritas del 2015



     Mi 2015 comenzó con A Most Violent Year, de J.C. Chandor, y terminó con Tangerine, de Sean Baker. Ambas estadounidenses. Ambas son el tercer largometraje (en solitario) de sus directores. Y ambas representan bien el cine que se hace en Hollywood y en sus márgenes. Chandor filma con los rostros más conocidos del sistema Jessica Chastain, Oscar Isaac…; Baker, con actores no profesionales. Chandor está a punto de convertirse en uno de los grandes nombres de la industria; Baker, en una de las figuras más sobresalientes del cine independiente. Ambos tienen talento, pero Baker está un paso adelante. Grabó su película con un teléfono móvil y lo usó de manera fascinante: la intensidad de Sin-Dee-Rella, la protagonista, no decae nunca. La cinta es una montaña rusa junto a personajes que no se parecen a nadie en el cine. Y lo mejor es que a pesar de la violencia y el descontrol los personajes son justos entre ellos: el gesto final de Alexandra, la mejor amiga de Sin-Dee-Rella, es hermoso. Además, la escena de la felación en el autolavado es una buena alegoría del acto sexual.

     Tangerine es una de las mejores películas estadounidenses del 2015, pero está al margen de una industria que lo domina todo.

     Hollywood y Cannes controlan el cine. Son los altares de la industria del entretenimiento y del cine de autor, respectivamente. Pero no son siempre el epicentro del mejor cine.

     Mi película favorita del 2015 es en realidad del 2013. Norte, el final de la historia, de Lav Diaz, se estrenó en Cannes hace dos años y se programó en las salas de cine francesas durante el último noviembre. Es una película de un poco más de cuatro horas, duración necesaria para el desarrollo de los personajes: al final uno tiene la sensación de que ellos exigían ese tiempo. No tengo la misma percepción con todo el cine del filipino: Florentina Hubaldo dura seis horas pero la cinta no se sostiene siempre. Norte, en cambio, lo hace sin problemas. La caminata al precipicio es una de las mejores secuencias del 2015. Una madre decide acabar con todo, con su vida y con las de sus dos hijos. El trávelin diagonal que sigue el desplazamiento de los personajes es soberbio. Todo funciona bien en esta película donde cada momento está bien contado. Me fascina cómo Diaz controla las partes más dramáticas y embellece aquellas que a simple vista son más anecdóticas.
     
     Otra de mis favoritas es Hill of freedom, de Hong sang-soo. Este surcoreano rueda como nadie. Se podría decir que viene haciendo la misma película desde hace un rato, pero su dominio del lenguaje cinematográfico le permite llegar siempre un poco más allá. Hill of freedom está contada (o leída: es epistolar) de manera fragmentada, por pedazos desordenados. El punto fuerte del director radica en su manía de narrar historias ligeras (y de grabarlas del mismo modo) que develan con honestidad la manera en que hombres y mujeres nos relacionamos.

     Al igual que Diaz y Hong sang-soo, otro asiático que forma parte de los pesos pesados del cine contemporáneo es el tailandés Apichatpong Weerasethakul. Cementery of splendour es una delicia de principio a fin. Cada imagen de esta película (y de su cine en general) me hace sentir bien. Nunca estoy tan bien como cuando veo sus películas. En esta última, la visita al palacio que ya no existe es una secuencia brillante. El cine también está en la palabra. Y en el tiempo que pasa: en el cine de Weerasethakul las acciones de sus personajes parecen captadas en tiempo real, el tiempo exacto que toma un hombre en defecar y otro, en tener una erección.

    Los franceses no se quedaron atrás. El mejor director francés vivo (y mi favorito en la historia del cine), Philippe Garrel, estrenó L’ombre des femmes. Es el Garrel de siempre: en blanco y negro y obsesionado por las historias de amor que duelen. Esta vez nadie se suicida. Esta vez los amantes se reencuentran al final. Garrel envejece, se endulza, pero sigue teniendo esa capacidad casi quirúrgica de entender las relaciones de pareja.

     El otro francés es Desplechin. Trois souvenirs de ma jeunesse es una formidable precuela de Comment je me suis disputé… (una de las películas de mi vida). Encontrar otra vez, y en pantalla grande, a Paul Dedalus fue un lujo: Mathieu Almaric es el Jean-Pierre Léaud del cine francés actual. Trois souvenirs… es una película en tres partes: la primera parece un cuento; la segunda, un thriller; y la tercera, el centro del filme, un relato de iniciación que contiene lo mejor de la escritura del director.

     La mejor comedia del cine francés del 2015 es una  ópera prima. No sólo uno se ríe con Le nouveau, de Rudi Rosenberg, sino que también se aprecia la existencia de personajes adolescentes tan bien trazados, de personajes entrañables.

    De nuevo el cine estadounidense. Carol, de Todd Haynes, e Inherent Vice, de Paul Thomas Anderson, son las últimas dos grandes películas nacidas en el seno de la industria hollywoodense. Olvídense de Los Oscar y de Iñarritu, el buen cine no será premiado el 28 de febrero. Carol parece salida de los 50, de las imágenes suntuosas de Douglas Sirk. En los primeros minutos, las manos de dos personajes se posan en los hombres de Therese. Una de ellas corresponde a la de Carol. El gesto de Therese, encarnada por Ronny Mara, al saberse tocada, resume perfectamente este púdico relato romántico. Y una vez el acto sexual practicado, la cámara de Haynes recorre los cuerpos de sus heroínas para aterrizar en sus manos, unas manos entrelazadas que parecen contener el secreto de toda una pasión.

    Cada película de Paul Thomas Anderson es irreprochable. Cada plano está tan bien hecho y ensamblado que es difícil no apreciar su cine. En Inherent Vice adaptó el mundo monstruoso de Thomas Pynchon. Y lo hizo con algunas de sus imágenes más bellas hasta ahora. El director de The Master demuestra que el maestro es él.

Mis 20 favoritas.
Norte, el final de la historia, de Lav Diaz.
Hill of freedom, de Hong sang-soo.
Cementery of splendour, de Apichatpong Weerasethakul.
L’ombre des femmes, de Philippe Garrel.
La sapienza, de Eugène Green.
Trois souvenirs de ma jeunesse, de Arnaud Desplechin.
Carol, de Todd Haynes.
Nuits blanches sur la jetée, de Paul Vecchiali.
Inherent Vice, de Paul Thomas Anderson.
Las mil y una noches, parte III, de Miguel Gomes.
Comme un avion, de Bruno Podalydès.
Le nouveau, de Rudi Rosenberg.
Mia Madre, de Nanni Moretti.
Phoenix, de Christian Petzold.
Tangerine, de Sean Baker.
A la folie, de Wang Bing.
L'Etage du dessous, de Radu Muntean.
Taxi Téhéran, de Jafar Panahi.
The Other Side, de Roberto Minervini.
Quand je ne dors pas, de Tommy Weber.

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